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lunes, 1 de diciembre de 2014

"Que de la mano de 'Ricky' Amerio"

La quinta de Curuzú Cuatia dirigida por Ricardo Amerio salió campeona invicta pero ese no es el mayor logro que obtuvo la institución de Villa Elisa, en cuanto a juveniles, en la temporada pasada. Cada vez que se habla de la institución portuguesa, se pone en contraste con el año 2009, cuando consiguió el bicampeonato de la Liga. Desde esa fecha nunca las juveniles del club habían llegado más arriba de la quinta posición en la tabla general de puntos. Sin embargo, el año pasado logró un subcampeonato en la general pero en 2013 no comenzó el cambio.

“En Villa Elisa, en cuanto a infantiles, hay muchos clubes de barrio: Arturo Segui, Los Dragones, Deportivo Villa Elisa, San Francisco, El Dive, entre otros. Para completar infantiles nos costaba horrores”, señala “Chupete”, ex entrenador de las divisiones juveniles del club, hoy ejerciendo esa profesión en Arturo Segui, institución que participa de la liga APlaFi. Heribert Bengoa agrega: “Somos dos clubes que se reparten los jugadores de juveniles en Villa Elisa, ADIP y nosotros. En menor medida Argentino Juvenil. No siempre los chicos que están en infantiles siguen jugando en las siguientes categorías por distintas cuestiones, porque tienen que trabajar o estudiar por ejemplo. Por eso hoy día estamos con una gran cantidad de jugadores en las distintas categorías del fútbol juvenil pero en infantiles nos sigue siendo difícil completar”.

A pesar de que en 2009 Curuzú debía pagar multas por no completar o presentar juveniles, los vientos se hicieron favorables a la institución de Villa Elisa cuando en 2011 Facundo Berneche, jugador del plantel superior sugirió a la Comisión Directiva cambiar la forma de jugar en las juveniles, no con estrategias o tácticas, sino formulando un proyecto donde todos los directores técnicos iban a estar regulados por un coordinador general, como así también, un preparador físico para todas las categorías. Esto no había sucedido en toda la historia del club, por más que para clubes como Gimnasia o Estudiantes es una obviedad y se practica hace muchos años.

Los directores técnicos en el club son remunerados. Es cierto que no tienen un alto costo, sino que se les paga los viáticos, pero al fin y al cabo suma al total, y contratar un preparador físico, además del coordinador general, no parecía una prioridad para los directivos. Sin embargo, con la esperanza de que el club portugués crezca aceptaron el proyecto con vísperas al triunfo.

En el primer año en que se implementó este proyecto, el que encabezaba el cuerpo técnico fue el mismo Facundo Berneche, pero no se notaron grandes cambios. Al año siguiente, cuando el entrenador de la quinta división, Ricardo Amerio, fue elegido como coordinador general y, consevando su puesto de entrenador, y Rodrigo Núñez como preparador físico de las juveniles, las victorias comenzaron a hacerse moneda corriente en la mayoría de las divisiones, y se ubicaron todas entre los primeros puestos.

A pesar de no obtener ningún primer puesto en la primera mitad del año, la segunda mitad empezó con una ardua pretemporada en las vacaciones de invierno, en donde “tres semanas, de cuatro estímulos semanales, donde a veces tenían doble turno y un solo día libre”, aseguró el ya nombrado Rodrigo Núñez.

Una vez comenzado el Torneo Clausura la octava empezó a mostrar un nivel alto de juego pero ganó la mayoría de los partidos en el segundo tiempo y demostró el gran estado físico de los chicos. La sexta división no quiso ser menos y también, a pesar de ciertos resultados adversos, logró ganar partidos en el final. Pero sin dudas, las categorías que más diferencia marcaron eran la quinta y la séptima división. Esta última había perdido un solo partido de los primeros cinco en disputa, mientras que la quinta, de la misma cantidad de partidos jugados no perdió ninguno. No solo ganaban, sino que jugaban bien y sacaban la diferencia en cuanto a goles y físicamente.

La Primera, Reserva y Cuarta, en contraste con lo que mostraban la Quinta y la Séptima, no lograron grandes resultados. La Reserva se ubicó durante todo el año cerca de los últimos puestos, mientras que tanto Cuarta como la Primera División, nunca estuvieron primeros, pero se mantuvieron expectantes hasta las últimas tres fechas, cuando se despidieron de la pelea por el titulo. Por lo tanto, las categorías mayores no generaban entusiasmo de parcialidad portuguesa. La mayor parte de los hinchas del club se acercaban los domingos a observar a las juveniles y deleitarse con el buen fútbol.

“Bien, pibe, bien”, “así tiene que jugar la Primera” o “qué futuro tiene este pibe” se escuchaba los domingos. En contraste, jugadores de las divisiones mayores recibían críticas. “Si los de Primera son malos, lo que deben ser ustedes”, le gritaron a los suplentes de Cuarta cierta vez. Las críticas se hicieron constantes y el murmullo durante los partidos provocó que a jugadores de las divisiones juveniles los asciendan.

Mauricio Flores, en ese momento de Sexta División comenzó a entrenar con Reserva; hasta le tocó debutar en el partido frente a Estrella entrando desde el banco de suplentes en Primera. De la misma forma Franco Gambella, el goleador de la Quinta, y Axel Acebes subieron a Cuarta. El arquero Sebastián Navarro, de edad de quinta división no atajó ningún partido para esa categoría, sino que antes de comenzar el año ya se encontraba luciendo la 1 de Cuarta. Fue pasando la segunda parte del año y fruto de las buenas actuaciones, Franco Casasola, jugador de la categoría dirigida por Ricardo Amerio, también fue subido al plantel de Cuarta. Sin embargo, y a pesar de que los jugadores nombrados habían sido ascendidos, no renunciaron a su división, por lo tanto, jugaban los sábados y los domingos.

No había signos de cambio en el plantel superior. La diferencia de edad entre Mauricio Flores, de 16 años, y Camilo Boschetti, de 34, era notoria. Lo mismo sucedía en los partidos de Primera División. Entraba “Mauri” y no podía lucirse. Pero en sus respectivas divisiones, los juveniles repartían fútbol por doquier. Tomás Zamudio, el arquero de Quinta, tenía en diez partidos solo cuatro goles en contra, mientras Franco Gambella levaba más goles hechos que partidos jugados.

A falta de dos partidos Curuzú Cuatia se encontraba primero en la tabla total de puntos en juveniles. El segundo era Everton, quien tenía un partido menos y podía superarlo. Así fue. A pesar de los campeonatos obtenidos por la Séptima y Quinta División, y los subcampeonatos por Sexta y Octava, no alcanzaron los puntos para superar al “decano”.

Luego de salir campeón del Torneo Clausura, las dos divisiones debían enfrentarse a los campeones de la división B de la Liga Amateur Platense. Las finales se disputaron en la cancha de ADIP. En primer turno la séptima debió enfrentar a AMEBS, luego los dirigidos por Amerio a Malvinas.

El primer encuentro comenzó favorable al club de Gonnet. Vencía al portugués por 2—0. Curuzú Cuatia reaccionó a tiempo y consiguió llevar la final a penales. Una definición impensada para un partido entre el campeón de la A y el campeón de la B. Finalmente, la Séptima del club de Villa Elisa venció a su par de AMEBS por 4-3 en la definición desde los doce pasos.

Por su parte, la Quinta División se había coronado campeón de la Liga invicta. La final comenzó y a los cinco minutos Matías Schultheis convirtió el 1-0. Pasados los veinte minutos de juego Franco Casasola enganchó desde la banda izquierda hacia el centro, y casi pisando la puerta del área remató y aumentó el resultado a 2-0. Lo que hacía suponer que la división dirigida por Ricardo Amerio tendría un partido fácil. Sin embargo a falta de dos minutos para terminar el primer tiempo, Malvinas descontó.
Formación de la Quinta campeona frente a Malvinas 

El segundo tiempo comenzó negro para Curuzú ya que el 10 de Malvinas había vuelto a marcar y el partido se encontraba empatado en dos. Franco Gambella desperdició varias oportunidades y el nerviosismo crecía. El equipo estaba volcado en ataque y cada contra de Malvinas parecía medio gol. A falta de quince minutos Acebes recuperó la pelota en mitad de cancha y tocó para Prieto. Este se la pasó a Casasola, quien definió con un remate envidiable, desde la derecha cruzó y convirtió el 3-2 final.

Cuando el árbitro pitó el final los jugadores de la categoría 95 se juntaron en la mitad de la cancha para cantar el famoso “dale campeón, dale campeón”. Toda la hinchada de Curuzú Cuatia los acompañó en el canto y prendieron bengalas rojas y verdes, representando los colores de la camiseta. Luego de la vuelta olímpica la hinchada comenzó a cantar “veni, veni, canta conmigo” terminando con el “que de la mano de 'Ricky' Amerio”, y los jugadores los siguieron.

Marín Mendiburu, utilero del club, contó: “Muy pocas veces vi jugar una categoría tan bien como la Quinta en el club. Sí he visto jugadores excepcionales como Leo Massi, Sergio Vittor o Pablo Aguirre, pero no que el equipo en su conjunto”. Heribert Bengoa agregó: “El 2013 fue el mejor año en la historia de Curuzú Cuatia, en cuanto a las juveniles”.

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